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María Escudero Escribano

Es un honor para nosotros conversar con María Escudero Escribano, ganadora en la V edición de los Premios al Joven Talento Científico Femenino, en la categoría Física, Química y Ciencias Afines.
Profesora de investigación ICREA en el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2), María es una referente en el diseño y estudio de interfaces electroquímicas y nanomateriales avanzados para electrocatálisis. Su trabajo ha impulsado avances fundamentales en la conversión y almacenamiento de energía renovable, así como en la producción de combustibles verdes y productos químicos sostenibles, contribuyendo de manera decisiva al desarrollo de tecnologías esenciales para la transición energética.
Durante esta entrevista, conoceremos más sobre su trayectoria, las motivaciones que la han guiado en su camino científico, lo que ha significado para ella recibir este reconocimiento y su visión sobre el papel de la electroquímica en la construcción de un futuro más sostenible. Tal como ella misma afirma, «este premio es un homenaje a todas las mujeres que lideran en ciencia. Espero que sirva de inspiración y que ayude a que las niñas se atrevan a ser referentes y transformar el futuro con su pasión y talento.»

¿Qué opinas sobre la figura de la mujer en la ciencia en España?

 

En España hay muchas mujeres brillantes liderando en ciencia y haciendo contribuciones extraordinarias. Sin embargo, si miramos las cifras globales, el porcentaje de mujeres que llega a las posiciones más altas sigue siendo muy bajo. La conocida gráfica de la tijera sigue ahí: partimos de una proporción equilibrada en las etapas iniciales, pero a medida que avanzamos en la carrera científica, la representación femenina cae de forma pronunciada.
Aunque el talento está repartido por igual, las mujeres seguimos infrarrepresentadas en los puestos de liderazgo, lo que refleja una desigualdad estructural que debemos abordar con decisión. Es fundamental crear entornos inclusivos, apoyar el talento femenino y acompañar especialmente a las
investigadoras jóvenes en esos momentos críticos donde muchas se quedan atrás. La ciencia necesita toda su diversidad para afrontar los grandes retos que tenemos por delante

¿Qué significó para ti recibir el Premio al Joven Talento Científico Femenino de la Real Academia de Ciencias?

Recibir este premio fue una enorme alegría y un reconocimiento muy especial en una etapa decisiva de mi carrera. Supuso un impulso importante para seguir desarrollando mis investigaciones con pasión y junto a mi equipo.
Además, fue un honor recibirlo de la Real Academia de Ciencias, una institución que admiro profundamente y que representa la excelencia científica en España. Sentir ese respaldo te llena de motivación y también de responsabilidad: la de seguir haciendo ciencia innovadora, creativa y con impacto social.
Para mí, este galardón tiene también un significado simbólico importante: es un homenaje a todas las mujeres que lideran en ciencia y un recordatorio de que necesitamos referentes visibles. Ojalá este reconocimiento sirva para inspirar y para que muchas niñas y jóvenes se atrevan a imaginarse en estos espacios y a confiar en su talento. Necesitamos que estén aquí, transformando el futuro con su curiosidad y su pasión

¿Cuál fue el momento o la experiencia que despertó tu interés por la electroquímica y los nanomateriales?

El punto de partida fue la beca de iniciación a la investigación del CSIC que obtuve en el último año de carrera. Gracias a esa oportunidad pude ir a Madrid, al Instituto de Química Física Blas Cabrera, y fue allí donde descubrí el potencial de los procesos electroquímicos para la conversión de energía renovable. Me ofrecieron realizar la tesis doctoral y ese fue el comienzo de todo.
Durante el doctorado, investigué reacciones que tienen lugar en pilas de combustible de hidrógeno, que nos permiten convertir energía química en electricidad de forma limpia y eficiente. Aquello despertó en mí una curiosidad enorme por este campo. A medida que avanzaba, me fascinó la posibilidad de diseñar materiales a escala atómica para controlar lo que ocurre exactamente en la superficie de un catalizador. Esa combinación entre electroquímica, nanomateriales y transición energética encajó de manera natural con mi deseo de contribuir a un futuro más sostenible. Esa convergencia entre ciencia fundamental y aplicaciones para tecnologías sostenibles orientó de manera natural la dirección que quería dar a mi investigación

 A lo largo de tu carrera, has trabajado en instituciones de prestigio internacional. ¿Qué etapas destacarías como determinantes en tu desarrollo científico?

Cada etapa ha sido fundamental. Durante el doctorado, una experiencia muy relevante fue mi estancia de investigación en el Laboratorio Nacional de Argonne, en Estados Unidos, donde trabajé en un grupo puntero a nivel internacional y reforcé mi interés por la investigación.

Mi etapa postdoctoral en la Universidad Técnica de Dinamarca y la Universidad de Stanford fue decisiva. Ese periodo marcó mi desarrollo científico: trabajé en proyectos muy innovadores en un entorno multidisciplinar e internacional y colaboré con líderes mundiales en electrocatálisis y ciencia de superficies. Esa etapa me ayudó a consolidar mi independencia y a definir las preguntas que quería abordar en mi carrera. Otro hito importante fue comenzar mi grupo independiente en la Universidad de Copenhague, a los 33 años. Aquella etapa me permitió liderar un equipo propio y consolidar mis líneas de investigación.
Finalmente, mi etapa actual como profesora ICREA y líder de grupo en el ICN2 ha sido clave. Marca el inicio de una fase en la que puedo liderar ciencia desde aquí, con un equipo multidisciplinar y proyectos punteros, incluida una ERC Consolidator Grant, que nos permite avanzar hacia soluciones sostenibles con un gran impacto

¿Hubo algún reto importante en tus primeros años como investigadora que marcara tu forma de abordar la ciencia hoy?

Sí, sin duda. Uno de los retos más importantes fue iniciar mi grupo independiente en la Universidad de Copenhague. Implicó aprender simultáneamente a liderar personas, gestionar proyectos, buscar financiación, impartir docencia en la universidad y mantener una agenda científica ambiciosa. Fue un periodo exigente, que me enseñó la importancia de crear equipos diversos, colaborativos y solidarios.

A lo largo de mi carrera, también he aprendido que la ciencia requiere perseverancia y determinación. No todo avanza tan rápido como nos gustaría, pero cuando tienes una visión clara y un buen equipo, los avances llegan. Esa forma de entender la investigación sigue marcando mi manera de trabajar.

 

 

Tu trabajo se centra en interfaces electroquímicas avanzadas. ¿Cómo llegaste a especializarte en este campo tan específico?

Me interesé por las interfases electroquímicas porque son el corazón de cualquier proceso electrocatalítico para la conversión de energía renovable. La electrocatálisis permite activar reacciones químicas mediante electricidad procedente de fuentes renovables, y su eficiencia depende de manera
crítica de lo que ocurre en esa región donde el catalizador y el electrolito se encuentran. Entender y controlar esa interfase era esencial para avanzar hacia procesos más eficientes y sostenibles.

Hoy, en mi grupo, trabajamos precisamente en ese punto. Diseñamos materiales catalíticos a escala atómica y estudiamos cómo se organizan y se transforman en la interfase electroquímica durante una reacción. Combinamos síntesis de nanomateriales, caracterización avanzada y técnicas de espectroscopía y microscopía operando que nos permiten seguir los procesos en tiempo real. Esto nos ayuda a identificar qué hace eficiente a un catalizador y cómo activar rutas de reacción selectivas y sostenibles.

Nuestro objetivo es claro: entender y controlar estas interfases para hacer posibles nuevas reacciones que permitan transformar electricidad renovable en combustibles limpios y en moléculas de valor. Este enfoque será clave para desarrollar las tecnologías sostenibles del futuro.

 

 

Eres una figura referente para muchas jóvenes científicas. ¿Qué consejo les darías a las investigadoras que comienzan su carrera en áreas tradicionalmente masculinizadas?

Me gustaría animar a las jóvenes científicas a que confíen en ellas mismas y en su talento. A veces dudamos más de lo que deberíamos, pero la curiosidad, la perseverancia y la pasión por aprender son las cualidades esenciales para dedicarse a la ciencia. También es importante rodearse de personas que te apoyen, buscar buenos mentores y elegir entornos donde puedas crecer y desarrollar todo tu potencial.

Las áreas científicas y tecnológicas no pertenecen a nadie: son espacios abiertos a las ideas, a la creatividad y al rigor, y las mujeres tenemos un papel fundamental en ellas. Por eso es tan importante que no os dejéis limitar por estereotipos. Cada trayectoria es única, y cada paso que damos abre camino para quienes vienen detrás.

La ciencia es fascinante y tenemos por delante muchos retos científicos urgentes para la transición limpia. Ojalá muchas jóvenes se animen a seguir su curiosidad y a aportar su talento, porque lo necesitamos para afrontar los grandes retos que tenemos por delante